¿Las ilusiones se contagian? ¡Yo creo que sí!

 

Como os conté, primero fue mi prima Marta, luego me contagió a mí y ahora ¿Sabéis quién se ha contagiado?

Mi madre.

Sí, ella se ha preparado, ha hecho el curso de clown de hospital, tiene su título y ha ido al hospital.
El primer día de hospital, llegó con su ropa de payaso, sus pinturas y tras vestirse y maquillarse comenzó la ronda por las habitaciones.

Primera habitación un bebé de seis meses. Le faltó coger al niño y cantarle una nana, jajajajaja. Comenzó a hablar con su mamá y no paraba hasta que los demás clown se la llevaron de la habitación (habla muchooooooooo).

 

Segunda habitación una niña que tenía miedo a los payasos.
Desesperada decía esto no es lo mío, hasta que llegó a una tercera habitación donde había una niña con su hermana y allí empezó a soltarse, hinchar globos, hacer juegos y comenzó a vibrar con la energía del juego y de la risa, ver como disfrutaba la pequeña le hizo olvidar todo lo demás y sintió lo que aquello significaba.

 

Aunque como ella dice, “Hay que ser muy especial para realizar este trabajo” y yo sé que a ella le cuesta un poco. No por hacer el payaso, que eso lo llevamos en la sangre, sino porque se pone siempre en el lugar de las mamás de todos los niños que están ingresados.

Mi prima le dice,” tía los niños solo quieren jugar y en ese ratito, ellos no piensan que están enfermos”.

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